Oración para exteriorizar la fuerza vital latente

Dios, en este momento, estoy en Su presencia, en comunión con Usted.  Soy Su hijo, bendecido con Su infinita fuerza vivificadora.  Tengo la conciencia de que permanezco vivo gracias a la infinita fuerza vital recibida de Usted.  Mi cuerpo carnal parece simple materia, pero en realidad, es una “abertura” del canal por donde fluye vigorosamente la Vida proveniente de Usted.  Aparentemente, mi cuerpo se mantiene en actividad gracias al suplemento de elementos materiales.  Pero esa es sólo una visión parcial del grandioso flujo de  Vida, en que Su energía vital emana de mí, circula por el Universo y retorna como un reflujo.  Soy una parte importante de Su infinita Vida.  Por tanto, soy uno con todos los seres creados por Usted, y vivo en armonía.  Soy física y mentalmente saludable y vivo en armonía con todas las personas.  Ese es mi aspecto verdadero.

Si parecía que me faltaba la energía vital, si era atacado por alguna enfermedad o sufría de una disfunción orgánica, fue porque había olvidado el propósito de Dios y, en vez de contemplar el mundo de la gran armonía creado por Él, había caído en la ilusión de ser sólo una existencia física.  En este momento, estando delante de Usted y meditando profundamente sobre Su propósito, desperté de la ilusión, concienticé  mi naturaleza original de hijo de Dios y comprendí que fluye en mí la Vida de Dios, infinitamente perfecta, saludable y armoniosa.  Soy uno con la Gran Vida del Universo.  Soy una parte importante de la Vida de Dios, que armoniza todos los seres.

Dios, ahora estoy delante de Usted y siento fluir en mí Su infinita fuerza vital.  El sistema inmunológico del organismo, sobre el cual la medicina moderna enseña, forma parte de la fuerza vital infinita que Usted concedió a todos los seres.  Incluso sin que yo perciba nada, ese sistema trabaja constantemente, impidiendo la invasión y enemigos externos, eliminando del organismo las materias nocivas, detectando células defectuosas, células cancerosas, etc., y expulsándolas fuera del cuerpo.  La medicina moderna reconoce también que la armonía mental y el sentimiento de gratitud, contribuyen a activar el sistema inmunológico; al igual que la ira, el odio, la hostilidad y otros sentimientos negativos,  contribuyen a debilitarlo.  Sé que es voluntad de Dios, el perfecto funcionamiento de nuestro organismo.  Dios, Le agradezco por haberme concedido la capacidad de vivir con salud.  Si existe algo que pueda impedir la manifestación de esa capacidad, es la idea equivocada de que el ser humano no pasa de cuerpo carnal.  Esa idea crea una barrera entre el “yo” y los “otros”, generando antagonismos y hostilidades.  En consecuencia, las personas nutren sentimientos nocivos tales como odio, rencor, ira, etc., lo que impide la perfecta manifestación de la fuerza vital de su Yo verdadero, originalmente saludable.  Consciente de eso, prometo no dejar surgir en mí, sentimientos perversos que impidan la manifestación de la fuerza vital de mi Yo verdadero originalmente saludable.

Gracias, Dios. Estoy delante Suyo y contemplo el mundo de la Imagen Verdadera de gran armonía, repleta de salud.  Dios es suprema perfección, y todo cuanto Él creó es perfecto.  Donde todo es perfecto, no suceden trasgresiones, agresiones ni matanzas.  El mundo de Dios es perfecto, pues en él reina la gran armonía.  En la Revelación Divina de la Gran Armonía está escrito: “Si eres herido por algo o si eres alcanzado por microbios o por espíritus bajos, es prueba de que no estás reconciliado con todas las cosas del cielo y de la tierra”.  Por eso, yo me reconcilio con todos los seres y todas las cosas.  Acojo a todos, no por tolerancia, sino porque me reconcilio con todo, desde el fondo del corazón.  Reconciliación implica gratitud.  La reconciliación y la gratitud hacen surgir en  mí la infinita fuerza vital de Dios. El sistema inmunológico del organismo se vuelve más activo, y mi cuerpo manifiesta la fuerza curativa natural, que le es inherente.  En consecuencia, se extinguen los microorganismos nocivos, desaparecen las sustancias tóxicas, y las células defectuosas o cancerosas, se debilitan rápidamente, siendo eliminadas del organismo.

Dios, siento Su fuerza vital vibrar intensamente en la esencia de mi ser.  Siento que se está delineando dentro de mí, Su mundo de gran armonía.  Ese es mi aspecto original, que es el de hijo de Dios. No necesito esforzarme para manifestar mi aspecto original.  Simplemente, confío en Su infinita sabiduría, en Su infinito amor y en Su infinita fuerza vital y mentalizo que se manifiesta en mí la imagen original repleta de salud, ligada a Su Vida.  Mi Vida viene de Dios. De la Vida de Dios se origina mi fuerza vital.  Dedico profunda gratitud a Dios, que me hizo comprender esta Verdad.  Muchas gracias.

Del libro Oraciones Diarias, Masanobu Taniguchi,

Cap. Para Alcanzar la Concientización de que la Enfermedad no Existe, págs. 238 a 242. 

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